Acerca de las colagenopatías tipo II
Las colagenopatías tipo II constituyen un espectro amplio de displasias esqueléticas que incluyen, entre otras, hipocondrogénesis; displasia espondiloepifisaria congénita; displasia de Kniest; y displasia espondiloepimetafisaria tipo Strudwick. Hace años, cada uno de estos diagnósticos clínicos se basaba únicamente en las características físicas, la historia clínica y los hallazgos radiográficos. Sin embargo, ahora sabemos que todos tienen la misma causa subyacente, que es una mutación en el gen del colágeno tipo II. También hay muchas personas con displasia esquelética que no tienen características que coincidan plenamente con un diagnóstico clínico de displasia esquelética ya descrito, pero se descubre que tienen un cambio en este mismo gen causante. Es por eso que el monitoreo médico es similar para todas las personas con displasias de este espectro; y las displasias se explicarán juntas aquí.
Obtenga más información sobre las opciones de tratamiento.
¿Cuáles son las causas de las colagenopatías tipo II?
Este espectro de displasias es el resultado de una mutación (un cambio) en el gen que codifica el colágeno tipo II (COL2A1) que se encuentra en el cromosoma 12. El colágeno tipo II es una proteína estructural presente en el cartílago, las placas de crecimiento y las articulaciones, los anillos traqueales, así como el globo ocular y el oído interno. Por lo tanto, si el colágeno tipo II no puede sintetizarse como normalmente debería en el cuerpo, puede haber diferencias en el crecimiento y la forma de los huesos, dolor articular, flojedad en la tráquea, así como problemas de la vista y la audición.
¿Cómo se heredan las colagenopatías tipo II?
Por lo general, tienen un patrón de herencia autosómica dominante.
La mayoría de las personas con esta displasia tienen mutaciones espontáneas, lo que significa que son las primeras de su familia con la displasia. El mosaicismo gonadal ayuda a explicar por qué varios niños con esta displasia pueden nacer de padres no afectados. Una vez que una persona recibe el diagnóstico de una colagenopatía tipo II, cada uno de sus hijos tendrá un 50% de probabilidades de heredarla.
¿Cuáles son las características de las colagenopatías tipo II?
Hay variación entre familias y entre las diferentes colagenopatías tipo II, por lo que las características enumeradas a continuación deben considerarse como relacionadas, pero no universales.
Rostro y cráneo
- Tamaño de cabeza grande en relación con el tronco.
- Cara redonda y plana.
- Frente y ojos anchos y prominentes.
- Puente nasal hundido.
- Mentón hundido.
- El paladar hendido puede ser una característica.
Tronco, tórax y columna vertebral
- Cuello corto.
- Tronco corto.
- Pecho en forma de barril con tórax en quilla.
- Lordosis lumbar.
- Cifoescoliosis progresiva.
Brazos y piernas
- Inicialmente puede haber extremidades cortas en comparación con el torso, pero las proporciones pueden cambiar a medida que el tronco se acorta y se vuelve cifoescoliótico.
- Acortamiento rizomélico de las extremidades.
- Laxitud ligamentosa.
- Cadera flexionada y abducida.
- Piernas en X.
- Pies planos.
- Algunas, como la displasia de Kniest, pueden provocar articulaciones ensanchadas en los brazos y las piernas, que pueden no ser capaces de doblarse o enderezarse por completo (contracturas).
Características radiográficas
Cada diagnóstico clínico dentro del espectro puede tener hallazgos radiográficos característicos, pero dado que el diagnóstico de muchas personas está “entre” los ya descritos, enumeraremos el espectro completo de hallazgos radiográficos asociados aquí; y sabemos que es poco frecuente que una persona tenga todos los hallazgos enumerados a continuación.
- Espondilodisplasia.
- Displasia epifisaria.
- En algunos casos, la displasia metafisaria, como la displasia de Kniest y la SEMD-Strudwick, puede manifestarse con el tiempo y puede mostrar metáfisis acampanadas y articulaciones interfalángicas bulbosas.
- Osificación retardada en muchas partes del esqueleto, incluidos los cuerpos vertebrales de la columna cervical superior, el sacro, los huesos púbicos, las epífisis femorales capitales y los huesos carpianos y tarsianos.
- El cuello femoral puede ser ancho y corto, y estar osificado de manera incompleta.
- Cuerpos vertebrales pequeños; platispondilia.
- Hipoplasia de apófisis odontoides de C2, y puede tener inestabilidad atlantoaxial asociada.
- En el primer año de vida, los cuerpos vertebrales lumbares pueden presentar hendidura coronal.
- Cuello femoral varo.
- Cifoescoliosis progresiva.
- Lordosis lumbar marcada.
¿Cómo se diagnostica una colagenopatía tipo II?
Este grupo de displasias a menudo puede diagnosticarse por sus características clínicas y radiográficas. A veces, el diagnóstico puede sospecharse incluso mediante ecografía prenatal. Se pueden realizar análisis genéticos clínicos del gen COL2A1 para confirmar el diagnóstico.
¿Qué problemas musculoesqueléticos se asocian con las colagenopatías tipo II?
Cuello
Los niños con colagenopatías tipo II deben ser vigilados atentamente para detectar inestabilidad en la columna cervical superior. Esta inestabilidad atlantoaxial puede ser causada por una combinación de la mayor flexibilidad y una apófisis odontoide más pequeña. El resultado puede ser mielopatía cervical; como consecuencia, se comprime la médula espinal y el niño desarrolla debilidad muscular, entumecimiento, hormigueo e incontinencia urinaria. La atención de estos niños debe incluir visitas periódicas con exámenes físicos para detectar los signos y síntomas de la mielopatía. Deben monitorearse las radiografías laterales periódicas del cuello en flexión y extensión en el transcurso del tiempo en todos los niños con colagenopatías tipo II, con IRM cervical para detectar cualquier problema clínico. Nota especial: Es muy importante que hable con el médico sobre cualquier procedimiento quirúrgico o sedación (trabajo odontológico e IRM) para asegurarse de que se toman las precauciones adecuadas para proteger el cuello de los niños con colagenopatías tipo II.
Columna vertebral
Las curvaturas de la columna vertebral, tanto la cifosis como la escoliosis, son frecuentes en los niños con colagenopatías tipo II. No todas las curvaturas requieren cirugía, pero el seguimiento periódico, con radiografías de columna, es importante hasta que el niño termina de crecer. Las curvaturas pequeñas se pueden observar y es posible que no afecten al niño; pero la progresión en niños pequeños a menudo requiere dispositivos ortopédicos o yesos seriados para la escoliosis. Las varillas de crecimiento pueden usarse para curvaturas más grandes, lo que permite un crecimiento continuo durante la infancia mientras se mantiene la columna recta. En los niños cerca de la pubertad, quizás se requiera la fusión quirúrgica de la columna vertebral; de esta manera, se corrige la columna para que cicatrice en una posición enderezada y equilibrada para el futuro.
Articulaciones
Las colagenopatías tipo II como grupo tienen displasia epifisaria, lo que provoca irregularidades dentro de las articulaciones. Además, el colágeno tipo II anormal causa cartílago articular deficiente y puede provocar rigidez articular y dolor en la infancia. Quizás se requiera una cirugía de artroplastia (cadera y rodilla) en los primeros años de la edad adulta, pero esto es variable. La presencia de contracturas articulares asociadas y diferencias óseas en las colagenopatías tipo II dificultan técnicamente la artroplastia.
Extremidades inferiores
La malformación de la cadera puede estar presente en niños con colagenopatías tipo II, específicamente el cuello femoral varo. El cartílago anormal en estos niños puede traer aparejado un aumento del ángulo del cuello femoral, lo que altera la relación normal entre la esfera y la cavidad de la cadera. Cualquier cambio en la alineación del cuello femoral debilita los músculos alrededor de la articulación de la cadera y causa contracturas en la articulación de la cadera. Se recomienda la cirugía para realinear el cuello femoral en niños con cojera, dolor de cadera o empeoramiento del ángulo. Los niños también pueden desarrollar angulación en las rodillas a medida que crecen: rodilla valga (piernas en X) o rodilla vara (piernas arqueadas). La rodilla valga es más frecuente; y existe la oportunidad de corregir estas deformidades mediante el crecimiento guiado antes de que un niño termine de crecer. Con el seguimiento de rutina y la detección temprana mediante exámenes y radiografías, el crecimiento guiado puede usarse de forma proactiva y normalmente evita técnicas de corrección más invasivas, como la osteotomía, en niños más grandes.
¿Qué otros problemas de salud pueden aparecer con las colagenopatías tipo II?
Ojo
El colágeno tipo II está presente en el ojo, por lo que estas displasias pueden tener problemas de la vista asociados. Las personas pueden tener diferentes niveles de miopía (que pueden ser bastante extremos) y desprendimiento de retina. También se han observado cataratas. Se recomienda una evaluación periódica con dilatación por un oftalmólogo.
í
La pérdida auditiva asociada puede ser conductiva o neurosensorial. Los niños con colagenopatías tipo II corren el riesgo de presentar infecciones recurrentes del oído debido a la reducción del tamaño de los tubos que conectan la cavidad del oído medio con la parte superior de la garganta (trompa de Eustaquio).
Paladar hendido
El paladar hendido se produce en algunos casos y puede provocar infecciones del oído medio y retraso en el inicio del habla. A veces, se asocia con la secuencia de Pierre Robin.
Problemas respiratorios
Hay colágeno tipo II en los anillos traqueales que mantienen abierta la tráquea, por lo que puede producirse traqueomalacia (ablandamiento y colapso de la tráquea que provoca dificultades respiratorias) y dificultad respiratoria en los neonatos. Algunos necesitan traqueotomía y respirador con altas presiones para abrir las vías respiratorias, pero normalmente lo superan al alcanzar la edad escolar. Sin embargo, muchas personas no necesitan este nivel de apoyo.
¿A qué debo estar atento con las colagenopatías tipo II?
Por lo general, todas las displasias esqueléticas requieren atención multidisciplinaria. La evaluación periódica por parte de un equipo de especialistas con conocimiento de las displasias esqueléticas proporcionará la atención más completa.
Se recomienda la evaluación periódica por parte de un cirujano ortopédico pediátrico, para incluir el monitoreo del cuello, la espalda y las extremidades inferiores.
Cualquier cambio en el patrón de la marcha debe tomarse en serio. Esto puede estar asociado con cansancio, disminución en alcanzar hitos motores o la distancia recorrida al caminar, disminución de la resistencia o dolor. Cualquier alteración de la sensibilidad (hormigueo o entumecimiento en brazos y piernas) o pérdida del control intestinal o vesical puede indicar irritación o compresión de la médula espinal y debe evaluarse.
Los cambios en la simetría del tronco, las diferencias de altura de los hombros, la prominencia de un lado de la cadera o la prominencia de las costillas al inclinarse hacia adelante pueden indicar una curvatura cambiante en la columna vertebral.
Se recomienda la evaluación del paladar hendido al nacer y la evaluación de la audición durante la infancia. La pérdida auditiva neurosensorial tiende a ser estable, pero la pérdida auditiva conductiva puede fluctuar.
También se recomiendan exámenes oftalmológicos con dilatación periódicos para evaluar la miopía progresiva, así como la salud de la retina.
Dadas las diferencias en las proporciones corporales, no es apropiado usar los gráficos de desarrollo de un niño normal para evaluar las capacidades de motricidad gruesa de un niño con una colagenopatía tipo II. Dado el riesgo de inestabilidad de la columna cervical, se debe tener cuidado de no sobreexigir el desarrollo del control de la cabeza más allá de lo que el niño puede lograr en ese momento. En caso de duda, primero debe evaluarse si existe una posible causa neurológica en la columna cervical.
En general, también se recomienda hablar sobre la colagenopatía tipo II, tanto con su hijo como con otras personas, como una diferencia en lugar de un problema. Su actitud puede ayudar a que su hijo construya una buena autoestima. Trate al niño según la edad y no según el tamaño; y anime a los demás a hacer lo mismo. Además, encuentre maneras de adaptarse. Por ejemplo, use un extensor para los interruptores de luz y un banquito para que su hijo pueda encender y apagar las luces y llegar al fregadero de manera independiente para lavarse las manos. Además del hogar, recomiende a la escuela de su hijo que haga modificaciones o adaptaciones para maximizar su independencia de una manera apropiada para la edad. Ofrézcale a su hijo las herramientas para ayudarlo a tener éxito.