Conocerme
Cuando crecí en Nueva Jersey, era un niño curioso. Como pediatra de 91, todavía lo estoy. Prospero gracias al sentido de confianza que se desarrolla entre un médico y los pacientes y sus familias. Siempre trato de ver las cosas desde el punto de vista de mis pacientes, y es un honor cuando la gente se abre a mí, confía en mí y me deja compartir lo que sé.
Por qué trato a los niños
La pediatría me resulta muy gratificante. No solo trato a un niño, también puedo interactuar con dos o incluso tres generaciones (padres y abuelos). Y como trato a los niños desde el nacimiento hasta los 18 años, disfruto generando confianza a través de varias etapas de desarrollo.
Cómo intento marcar la diferencia
Muestro respeto por mis pacientes jóvenes y sus familias, independientemente de cuáles sean sus circunstancias. Nunca juzgo y siempre aprecio sus puntos de vista. Eso es lo que me da una mejor comprensión de lo que están pasando. Lo más importante de todo es que quiero que mis pacientes y sus familias sepan qué privilegio es formar parte de sus vidas.